sábado, 24 de octubre de 2009

Carta a la eternidad y su morador.

Querido amigo:

Debo decirte que gracias a tu ayuda, sigo optimista. No me desanimo, pero ahora miro dos veces antes de tocar. Pensar que no tenía oportunidad fue un gran error. En eso tenías razón. Como en todo.
Pero tu también entiende que parece imposible lograr unas palabras suyas.
De todas formas, una mirada vale más que mil palabras, ¿verdad?
Tu silencio es la mejor medicina. Ya sabes que no hace falta que me contestes, sé lo que debo hacer... Pero aún no. Soy demasiado... ¿cobarde? Da igual, elige tu la palabra.
Silencios y una sonrisa,
mi subconsciente.

miércoles, 21 de octubre de 2009

A mi no, por favor.

El la obervaba, cargado de adrenalina en su interior. El asesinato todavía no se había cometido, como pensaban aquellos ingenuos de la policía. No... Ella estaba atada a la silla, en aquel abandonado estudio de ballet. La muchacha tenía un rostro bello, aún empapado de lágrimas. Pero el asesino no tenía compasión. El disfrutaba matando, alargando en dolor hasta lo inimaginable y escuchando las súplicas de sus presas, al final el depredador dejaba caer el golpe final.
Lo que ella no imaginaba (aparte de que si le dolería mucho) es que el aborrecía la sangre. Tenía que ser lo mas limpio posible. El tenía una táctica. Primero las golpeaba hasta cubrir su cuerpo de cardenales. Luego las ataba a algo y las dejaba sollozar toda la noche. Y al despuntar el alba, hacía lo mas cruel que nadie haya osado imaginar.
A todas aquellas muchachas, miles y miles de chicas, les robaba su primer beso, y a continuación las mataba para que nunca pudieran probar otros labios. Y ellas morían pensando en aquel roce.

domingo, 18 de octubre de 2009

Sin la muerte, con el dolor.

Somos dos cuerpos quemados, derrotados por el tiempo. Ambos con letras tatuadas en la piel. Las tuyas de tinta, las mias de sangre. Somos dos cuerpos abrazados, intentando vencer la desdicha, la amargura y este dolor de nuestro maldito destino. Amor imposible y escupidos por el mundo. A veces quisiera morirme, pero algo me mantiene con vida:
Saber que tu tampoco has elegido la muerte sino morir poco a poco, juntos, hasta el fin de los dias.