viernes, 26 de febrero de 2010

Encaprichamiento, y el dolor que conlleva.

He estado pensando en una pequeña experiencia personal que he tenido hace poco, gracias a un pequeño gran capullo. (Pendonénme la expresión)

Al principio, me entristecí mucho, andaba melancólica por los pasillos, no sonreía, pero ocultaba muy bien mis emociones (Te quiero, teatro). Pero, obviamente, cualquier persona que se considerase mi amiga, adivinaría el porqué de mi situación. Y así lo hicieron. Remendaron y cosieron mi herida mil veces, con palabras dulces y consuelos, hasta que creyeron que el remiendo podría pasar un examen de costura. Y una tarde fresquita de autobús, medité sobre ello. Me sentía feliz. Aquel capullín no me había echo ningún daño. Yo quería convencerme de que me había dolido. Pero no, para nada.

En resumen, cuando nos encaprichamos de alguien, todo aquello que hace nos conlleva a nosotros a seguir su estado de ánimo, y cuando, digamos, nos "traiciona", nos tiembla la mano. Nos invade algo extraño, una especie de melancolía y tristeza. Hasta que te das cuenta que el "amor verdadero" es tan sólo el primero, y que los demás son sólo para olvidar.

domingo, 21 de febrero de 2010

..Cambio.

¿Qué le ocurrió? Es decir, ¿por qué dió ese cambio tan radical? De ser sincero, abierto, simpático, muy sociable y dulce, a no reconocerle bajo un velo de incertidumbre. Se volvió callado, misterioso, sumiso. Vestía de negro o colores oscuros, y siempre se llevaba un libro al bosque que había cerca de su casa.
Sus padres se empezaron a preocupar. Sus amigos ya casi no le veían. Los maestros estaban sorprendidos, sus notas rozaban la perfección. Pero el ya no era el.

¿Qué es lo que hacía un joven reconstruyendo una herida?