martes, 30 de marzo de 2010

Felicidad.

Soy un hombre muy feliz, llamado Raúl. Muy, muy feliz. O de eso intento convencerme... A ver, llevo 7 años casado con Laura (tengo 30 y ella 28) y aún sigo enamorado de Cristina. No es que esté engañando a Laura (aunque a veces me parece que si), pero Cristina puebla mis sueños ( y mis pesadillas) desde que tenía 16 años.
Recuerdo cuando la vi por primera vez. Mis amigos y yo estábamos charlando y mascando chicle fuera del instituto, esperando las clases y taponando la entrada. Las chicas, cohibidas, no decían nada, y los chicos, cobardes, pasaban altaneros por donde podían. Me sentía el rey del mundo. En ese momento, alguien me dió un codazo. Me giré para ver quién había osado... Y me topé con unos ojos verdes, que me miraban desafiantes, como diciéndome "Atrévete a decir nada". Enrojecí en seguida. Miré al suelo, y en la trayectoria de mi mirada al piso leí en su carpeta: "Cristina Vázquez, 4ºA". Volví a levantar la mirada, y sólo distinguí su pelo castaño ondeando al viento, y su brazo cremoso apretando la carpeta, alejándose de mi. Y supe que me había enamorado.
Desde ese día la seguí, y pronto nos hicimos amigos, es decir, yo la saludaba en cada pasillo y la interrumpía en la hora del almuerzo con sus compañeros. Aunque, bueno, eso si, ella me hablaba de vez en cuando. Un día me dejó acompañarla a su casa. Empezó a confiar en mi (¿confiar?, suelo pensar ahora con amagrura), a contarme secretos, y un día la tomé de la mano...
Pero empezó a salir con uno que se iba ya a la Universidad y me dijo que no podíamos seguir viéndonos. Ese mismo día se presento a mis puertas un ángel rubio de ojos azules llamado Laura. Me enamoré. Se enamoró. Nos conocimos. Al cabo de tres años nos casamos.
Pero nunca pude olvidar a Cristina. Y no le dije nada a mi mujer de aquella chica orgullosa y altanera, que se largó con un cachas pre-Universidad destrozándome el corazón.
A veces me pregunto si habré hecho bien en no seguir a Cris, pero entonces me encuentro con la tímida sonrisa de Laura y todo desaparece. Hasta que vuelvo a estar solo otra vez...



***


Soltó de golpe el humo de su cigarrillo. Los 30 no le sentaban nada bien, pensó, con su rostro surcado por arrugas que no deberían estar ahí. Pensó en sus tres hijos, en el pequeño y sucio piso y en su marido adicto a los esteroides y al sexo. ¿Por qué? Abandonó su futuro por el. Aspiró mas humo, y bebió de golpe el resto de su cerveza.
En ese momento le vino a su mente un recuerdo: un joven de pelo negro con lágrimas en los ojos al decirle adiós por alguien como Marc. ¿Qué habría sido de el? ¿Era Saúl? ¿Royer? ¿John? Le gustaban los nombres extranjeros.

2 comentarios:

  1. Muy bueno, de lo mejor que has escrito. Me gusta mucho la confusión de Raúl, toda esa variedad de sentimientos, es muy realista. Y ya que es el texto tuyo que más me ha gustado voy a decirte que no me ha gustado de este cuento: el momento en el que Raúl ve a Cristina por primera vez no es muy creíble, es difícil darse cuenta de el instante en el que te enamoras, él lo visualiza con suma facilidad y, además, le basta una mirada para quererla. Quién sabe, todo esto es muy indeterminado, a lo mejor me equivoco.
    Buenísimo, saludos

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  2. Me gusta que analices mis textos, me sirve para mejorar bastante.

    Me alegro mucho que te haya gustado. =D Un abrazo.

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