sábado, 24 de octubre de 2009

Carta a la eternidad y su morador.

Querido amigo: Debo decirte que gracias a tu ayuda, sigo optimista. No me desanimo, pero ahora miro dos veces antes de tocar. Pensar que no tenía oportunidad fue un gran error. En eso tenías razón. Como en todo. Pero tú también entiende que parece imposible lograr unas palabras suyas. De todas formas, una mirada vale más que mil palabras, ¿verdad? Tu silencio es la mejor medicina. Ya sabes que no hace falta que me contestes, sé lo que debo hacer... Pero aún no. Soy demasiado... ¿cobarde? Da igual, elige tu la palabra. Silencios y una sonrisa, mi subconsciente.

domingo, 18 de octubre de 2009

Sin la muerte, con el dolor.

Somos dos cuerpos quemados, derrotados por el tiempo. Ambos con letras tatuadas en la piel. Las tuyas de tinta, las mias de sangre. Somos dos cuerpos abrazados, intentando vencer la desdicha, la amargura y este dolor de nuestro maldito destino. Amor imposible y escupidos por el mundo. A veces quisiera morirme, pero algo me mantiene con vida:
Saber que tu tampoco has elegido la muerte sino morir poco a poco, juntos, hasta el fin de los dias.

domingo, 11 de octubre de 2009

Manolo.

Eras un buen hombre. Una buena persona. Aquí todos te queremos. Coté, Carlos, Manuel, Josefa y demás familia te echan de menos.
Para los que crean en Dios, les digo que el te ampare. Pero para mi caso (creer sólo un poco en el karma, negando a Dios, el Buda y demás guias), sólo deseo que encuentres el camino, el faro que te guíe hacia el más allá o como quieras llamarlo.
Tu marcha nos hizo daño a todos, tu hija, Coté, lloró toda la noche. ¡Maldito el cáncer que te derrotó! No pretendo que nadie comprenda esto, pero creo que tu te mereces un homenaje, por pequeño que sea, por que fuiste el farero de nuestras vidas.

Encuentra tu mar y tu luz.
No nos olvides.