Espero detrás del foco grande. Repaso el guión mentalmente mientras Nadine me coloca cada pelo en su sitio (me agobia). Ya casi me va a tocar. Se me acelera el corazón. ¡Dulce adrenalina que corre, desbocada, por la sangre! En los últimos segundos terrenales, antes de volar hacia la libertad, pienso en lo que me llevó hasta aquí.
El cine; el cine y la literatura, que se fusionaron hace tiempo, cuando una tímida muchacha se asomó a las puertas del teatro, cuando pisó por primera vez un escenario, cuando miles de lucecitas iluminaron su rostro...
Respiro hondo, muy, muy hondo. Nadine me hace una seña y me da un suave empujón. Salgo sin vacilar.
Lo primero en lo que me fijo (como siempre, es una especie de ritual) es en el publico. Cientos de cabecitas expectantes que se giran hacia mi. Avanzo un paso mas. Y lo que antes se leía como guión, ahora sale como música por mis labios. Mi compañero de escena también canta en silencio. Ambos gritamos; entre la gente, pocos nos escuchan, y no movemos la boca.
Nuestro objetivo: Convencer al público.
(Basado en experiencias personales)
viernes, 27 de noviembre de 2009
sábado, 21 de noviembre de 2009
Su vida... Su larga lista.
Entonces aquella tarde con sabor a pan, la melancolía se colaba por las puertas cerradas de su casa, y le entraba en el corazón.
Ella recordaba la tarta de arándanos de su abuela, las cartas del verano, las rosas del jardín del vecino, las miradas de sus aventuras adolescentes... Y suspiraba. Suspiraba por aquello que no tuvo, por aquello que no disfrutó, por lo que no logró aprender de labios sellados.
Sentía cómo el sendero de la vida se le escapaba, y no lo conseguía alcanzar.
Dejaba atrás victorias y peleas, lágrimas y risas rotas, parpadeos y dudas y más cosas que ahora apenas llegaban como recuerdos grises, vívidos, pero grises.
Quería zarpar como barco verde, suave velero, y recorrer plácidas aguas trasparentes, donde el recuerdo y el deseo se mezclaran en remolinos y se perdieran, imposibles de hallar. Olvidarlo todo, color dorado.
viernes, 30 de octubre de 2009
Tu propia condena.
Tú no conocerás la lenta muerte embalsamada. Tus huesos no reposarán en un ataúd sin miradas. Más allá de estas paredes de piedra, más allá de estas esculturas sin cara, más allá de mi vida, está la hoguera sin final del dolor calcinado.
Te daremos la muerte que siempre has deseado. Con honor, con gloria, sin palabras.
Tú no conocerás la lenta muerte embalsamada ni el sabor de mis labios. Por que fuimos amigos, nada más. Y te estás suicidando.
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