viernes, 21 de enero de 2011

FÁBULAS ANTIGUAS DE CHINA: De cómo el viejo tonto removió las montañas.

Las montañas de Taihang y Wangwu tienen unos setecientos li* de contorno y diez mil ren** de altura.
Al norte de estos montes vivía un anciano de unos noventa años al que llamaban El Viejo Tonto. Su casa miraba hacia las montañas y él encontraba bastante incómodo tener que dar un rodeo cada vez que salía o regresaba; así, un día reunió a su familia para discutir el asunto.
- ¿Y si todos juntos desmontásemos las montañas?- sugirió -. Entonces podríamos abrir un camino hacia el Sur, hasta la orilla del río Hanshui.
Todos estuvieron de acuerdo. Sólo su mujer dudaba.
- No tienen la fuerza necesaria, ni siquiera para desmontar un cerrejón- objetó -. ¿Cómo podrán remover esas montañas? Además, ¿dónde van a vaciar toda la tierra y los peñascos?
- Los vaciaremos en el mar- fue la respuesta.

Entonces El Viejo Tonto partió con sus hijos y nietos. Tres de ellos llevaron balancines. Removieron piedras y tierra y, en canastos los acarrearon al mar. Una vecina, llamada Jing, era viuda y tenía un hijito de siete u ocho años; este niño fue con ellos para ayudarles. En cada viaje tardaban varios meses.
Un hombre que vivía a la vuelta del río, a quien llamaban El Sabio, se reía de sus esfuerzos y trató de disuadirlos.
- ¡Basta de esta tontería!- exclamaba -. ¡Qué estúpido es todo esto! Tan viejo y tan débil como es Ud. no será capaz de arrancar ni un puñado de hierbas de esas montañas. ¿Cómo va a remover tierra y piedras en tal cantidad?
El Viejo Tonto exhaló un largo suspiro.
- ¡Qué torpe es Ud.!- le dijo -. No tiene Ud. ni siquiera la intuición del hijito de la viuda. Aunque yo muera, quedarán mis hijos y los hijos de mis hijos; y así sucesivamente, de generación en generación. Y como estas montañas no crecen, ¿por qué no vamos a ser capaces de terminar por removerlas?
Entonces El Sabio no tuvo nada que responder.


Lie Zi


*1 li = medio kilómetro
** 1 ren = dos metros y medio, aproximadamente.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

2010 y 2011

Tres días apenas para que acabe el 2010. Ahora, me parece que ha sido muy rápido y también un año muy ¿dinámico? Escribo desde mi casa en Asturias, con mi hermano detrás viendo una película bélica, sí, de ésas que odio tanto. Estoy pasando un frío adorable, pero todavía no he tenido oportunidad para encender la chimenea. Encima esta casa está en un pueblo costero, y cinco minutos andando y cuesta abajo llego al muelle, y una hora hacia la montaña veo la nieve. Bueno, ni yo misma sé muy bien para qué escribo esto, sólo tengo la necesidad de escribir, permitidme entonces que os robe un poco de vuestro tiempo. Ha sido un año tranquilo en lo que se refiere a lo académico, simpe y sencillo, sin grandes quebraderos de cabeza. Pero, madurando, me doy cuenta de que ha sido un año un pelín complicado si vuelvo la vista hacia lo personal. He tenido disputas con amigas mías, he pasado de gente que siempre estuvo a mi lado (aunque me doy cuenta ahora), he tenido que romper corazones que mejor estuvieran intactos... Grandes personas me han decepcionado, y he descubierto pequeños detalles en gente que nunca me hubiera esperado eso en ellos... He sonreído, he llorado, he fingido y blablablá. Tan sólo espero que el año próximo SEA UN AÑO MEJOR para mí, y por supuesto, para todos. Feliz 2011 y perdonad por mis desvaríos! Sonrisas desinteresadas.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Muerte.

Era la tarde de un día normal de verano. El viento buscaba a los árboles y las margaritas tomaban el sol. En resumen, una tarde tranquila para no hacer nada, sentarte en la terraza escuchando la naturaleza y leer un libro.
Pero no para él.
Javier no podía sentir nada de esto, sólo una agitada y furiosa ventisca interior, donde la nieve se acumulaba sobre él, ahogándole. Y el rostro de su padre que desaparecía en el interior de un ataúd sin miradas.
Eran las cinco, y treinta y dos horas antes su padre había muerto, el gran Don Juan Carlos. Desde luego, Javier sufrió. Pero su dolor era intenso, incomparable con nada que hubiera sentido antes. No veía, no oía, no sentía mas lo que él deseaba. En treinta y dos horas no rió, no habló con nadie, ni tampoco lo haría en las próximas siguientes.
- Javier... -susurró una voz joven- Javier, el entierro será en breve.
El hombre no se volvió. Mercedes caminó hasta el porche, junto a él, con los ojos rojos y la cara hinchada. Su amor por el se deshacía cada vez que le veía sufrir en silencio. Y más cuando él fingía no verla... Mercedes se arrodilló ante Javier y le tomó de las manos.
-Vete.
La muchacha sollozó muy fuerte, y se alejó rápidamente. Antes de darse cuenta de lo que había hecho, Javier susurró con voz ronca: -Por favor.
"Por favor, vete". Lo que ni Javier ni Mercedes sabían era que esa frase iba destinada a su padre, que aún desde la tumba le seguía atormentando. "Bastardo", era su palabra favorita. Y ahora que su padre se había ido, en vez de fingir y llorar y sentir lástima, sufría de verdad.

***

Al cabo de tres horas, al salir de la iglesia Mercedes decidió salir a pasear por el bosque cercano. Sumida en sus pensamientos, no percibió el sutil pero desagradable olor que se acercaba a ella. Tropezó.
Si, Javier se había suicidado.