Pero, ¿y yo...?
viernes, 25 de noviembre de 2011
Psychosocial
Parece que todo el mundo está feliz. Sonríen. Me alegro por ellos, eso siempre es bueno.
martes, 15 de noviembre de 2011
Libertad.
Puedo hacer lo que me plazca. Lo que quiera. Y nadie osa entorpecer mis piernas, mis brazos o mis labios; soy libre completamente. Corro por los bosques, salto, camino, canto, me arrastro, me escabullo, me río, duermo, nado y vuelvo a correr como una ráfaga de viento que no consiguen atrapar los dedos de un niño.
He llorado, sí, y he amado; pero no lo he hecho a la fuente de imperfecciones, el ser humano, no; me he enternecido al ver el agua caer por la cascada, y a la luz colarse entre las hojas, y al ciervo pastar junto al acantilado. He llorado y he amado con el más puro y único equilibrio, con aquello intocable, eternamente deseado, e ignorado por aquellos que no saben ver.
Y yo sé que es imposible amarme. A mi, fuente de tormento y agonía para los mortales, libre como la luz del amanecer, que sólo estoy tranquila cuando el viento me rodea y me indica paz.
A mi, dueña de todas las cosas bellas.
E inmune a los humanos.
Libre de toda atadura.
Hey Lucy I remembered your name..
Hoy, he vuelto a pronunciar tu nombre. Triste añoranza. Y, encima, te confundí con otra. Turbio deseo. O la confundí a ella contigo. Crudo dolor de cabeza.
Eres de ésas personas a las que no olvidas con facilidad, porque te volviste mi mejor amiga. Sabes que odio ponerme así; no soy tan pastelosa como tú.
Tú eres ternura e inocencia; y yo la pasión de un barco naufragado, en el fondo del océano.
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