jueves, 1 de julio de 2010

Beyond (Mas Allá)

This is not your home, not your world,
not the place where you should be.
And you understand, deep in your heart,
though you didn´t want to believe.
Now you feel so lost in the crowd
wondering if this is all,
if there´s something beyond.

Beyond this people, beyond this noise,
beyond the night and day, beyond heaven and hell.
Beyond you and me.
Just let it be,
just take my hand and come with me,
come with me...

And run, fly away, don´t look back,
they don´t understand you at all,
they left you alone in the dark
where nobody could see your light.
Do you dare to cross your heart?
Do you dare to come with me
to the place where we belong?

Beyond this smoke, beyond those trees,
beyond lies and truths, beyond life and death.
Beyond you and me.
Just let it be,
just take my hand and come with me,
come with me...


Éste no es tu hogar, no es tu mundo,/no es el lugar donde deberías estar./Y tu lo sabes, en el fondo de tu corazón,/aunque no quisiste creerlo./Ahora te sientes perdido entre la multitud,/preguntándote si esto es todo,/si hay algo más allá.//Mas allá de toda esta gente, as allá de todo este ruido,/más allá del día y la noche, más allá del cielo y el infierno./Más allá de ti y de mí./Deja que ocurra,/tan sólo toma mi mano y ven conmigo,/ven conmigo...//Y corre, escapa, no mires atrás,/ellos no te entienden,/te dejaron sola en la oscuridad/donde nadie puede ver tu luz./¿Te atreves a traspasar tu corazón?/¿Te atreves a acompañarme/al lugar al que pertenecemos?//Más allá de este humo, más allá de aquellos árboles/, más allá de mentiras y verdades, más allá de la vida y la muerte./Más allá de ti y de mí./Deja que ocurra,/tan sólo toma mi mano y ven conmigo,/ven conmigo...

lunes, 21 de junio de 2010

Is not over.

Por fin se ha acabado. No lo pensé cuando me dijeron adiós, ni cuando recogía los libros. Sólo me di cuenta cuando le vi aparecer con tranquilidad tras los autobuses, riéndose. Me despedí de mi amiga, y casi pude sentir su pena por mí, mi tristeza. Corrí hacia él, me saludó, me chocó la mano de esa forma tan habitual suya. -Oye... Hoy es mi ultimo día. No nos veremos más. Me miró fijamente y nos abrazamos a la vez, y me elevó durante unos instantes, con su caliente y agradable fuerza en torno a mi. Esta vez no pude evitar una silenciosa lágrima, lo suficientemente ruidosa como para que él se diera cuenta. Nos dimos dos besos. -Cuídate mucho, ¿vale? -Tu también. Y subí corriendo a mi autobús, incapaz de reprimir el llanto más tiempo. Y tu subías la cuesta, con los dientes apretados muy fuerte. Pero no me miraste. Quizás no me viste, quizás no quisiste verme, quizás no tuviste valor para mirarme a la cara por última vez... Mientras que yo ni parpadeaba. Que duras son las separaciones. Te sigo desde la penumbra, desde las sombras que podías mirar. Nunca desde el sol travieso que te ataba sábados y sábados, impidiéndote verlo. Siempre estaré allí. También donde yo no quiera estar, en una cruz, en el símbolo de aquello en lo que crees. Pero crees en ello, y yo estaré allí, creerás entonces en mí. Aunque sepa que siempre, siempre lo has dado todo por tu simple apretón de manos... No tan simple, yo también moría por él. Te prometo... Que aún desde la distancia... Me tienes.

viernes, 11 de junio de 2010

La sonrisa de hierro

Entré nerviosa, y apenas me senté y cogí una revista, me llamaron dentro. Me indicaron que me tumbara en esa silla mecánica tan típica, y las dos, muy sonrientes, pero con un rastro de tristeza en su mirada, como si supieran lo que iba a sufrir, empezaron a describirme a darme indicaciones de como cuidar mi nuevo aparato dental. Yo las escuché, mientras mi madre revoloteaba por allí, riéndose de cosas sin importancia que soltaban de vez en cuando las dos mujeres. Hasta que al final en lo metieron en la boca. No era tanto el dolor físico que producía como la certeza de que el lunes, mil pares de ojos me mirarían curiosos, burlones, compadecidos o incrédulos. Pero no protesté. No dije nada. Incluso cuando me sonrieron, "¡Di algo, anda! ¡Para probar cómo te va!", mantuve mi boca cerrada. Entretanto, mi lengua exploraba aquel intruso que allí se había instalado, con la incierta promesa de una sonrisa radiante. "Mas radiante", según ellas. Pensé que al salir de allí las odiaría, pero nada de eso. Aunque nunca olvidaré sus caras, para mi eran sombras que me colocaban algo indeseablemente necesario, y para colmo, por decisión mía, así que no había motivo para odiar.
Me levanté. Había terminado, empezaba una nueva etapa. Al entrar en el coche encendí la radio,y mi madre, en un vago intento de entablar conversación, fijó sus ojos en la carretera. Me dejó en casa y se fue a la farmacia.
Subí corriendo las escaleras, ignorando mi hermano y a mi padre, que me preguntaron cómo me había ido. Subí y subí, llegando a mi habitación. Me coloqué en frente del espejo y cerré los ojos. Intenté sonreír, pero fue en vano, mis músculos parecían no obedecerme. Me forcé, pero no abrí los ojos, no quería una sonrisa falsa. Respiré hondo. Respiré hondo. Una lágrima escapó de mi, estrellándose contra el suelo en mil pedazos. Te imaginé tumbado en una cama cualquiera, sujetando cualquier guitarra, pero con tus ojos, tu pelo y tu sonrisa. Me tendías la mano desde los confines del mundo. Carlos... La cogí fuerte, muy fuerte. Y sonreí. Parpadeé, teniéndote a mi lado. Y viste y vi en mí una nueva cara.
Una sonrisa de hierro.
La sonrisa mas hermosa que habías visto.