domingo, 5 de junio de 2011

Colette

-Who is she?
-Tiene varios nombres. Tú y yo la llamaremos Colette.
-Why?
-Por que sí. Ese es el nombre más apropiado si quieres oír su historia desde mis labios.
-Okay, start.
-Colette nació en 1901, en Bombay, hija de un banquero inglés y una alemana acróbata, aunque supongo que eso lo sabes muy bien.
-Silence. Continue.
-No me interrumpas, bastardo. Como decía, ella creció y vivió en Bombay hasta los nueve años, cuando se mudaron a Sicilia, donde perdió a su padre en una revuelta en una taberna, en la que, casualmente, el supuesto tirador del cuchillo que le mató, era alemán. Raro, ¿verdad, sir? Pues bien, su madre, Angela, se casó al año siguiente con el agresor. O mejor dicho, con el asesino de su marido. Eso fue un duro golpe para Colette, y a la edad de 15, decidió abandonarlos, tras las continuas violaciones que sufría a manos de su padre, en las que su madre estaba siempre presente, con los ojos muy abiertos, pero sin mediar palabra. Viajó con lo puesto y un par de monedas, y en unos meses, estaba en París. Siempre se le dieron bien los idiomas. Espléndida Colette... Allí, en la capital francesa, trabajó de camarera en un pequeño bar, combinándolo con un pequeño puesto en una librería; así ganaba lo suficiente para poder vivir dignamente. Hasta que llegó 1933. Año nazi, sir.
Realmente, la noticia no le hubiese afectado mucho, sino porque en el más afamado (y fiable)periódico de los que por entonces se publicaban en Francia, leyó el nombre de su padrastro como figurante en un alto cargo militar alemán. Fue entonces cuando decidió que lo mataría y que su madre estaría presente, contemplándolo todo con ojos muy abiertos, pero sin mediar palabra. Así que:¡Rumbo a Berlín!
Todavía no existía el Muro ni nada de aquello, así que entró sin problemas. Una vez allí, buscó la manera de encontrarlos, de llegar hasta ellos. Y tuvo la ocasión. En un gran meeting en Hamburg de aquel que se hacía llamar El Führer, les vió en uno de los palcos. No habían cambiado casi. Su madre tenía algunas arrugas y el cabello más rubio, y él seguía con esa cara de asco permanente.
De un certero tiro, atravesó el corazón a Angela, quien cayó muerta al suelo. Revuelo y conmoción general. Colette, rápida como ella sola, puso el arma en el bolsillo de un hombre caminaba en dirección contraria a la suya, y echó a correr hacia la salida, chillando asustada, como el resto de la multitud. Y aunque la seguridad reaccionó rápido, ella no tenía nada sospechoso encima, así que salió al exterior como el resto. ¿Sabes? Nunca supe que fue del pobre hombre al que le colocó el revólver. Supongo que lo detuvieron y lo mataron. Eso hubiese sido lo mejor para él.
Colette se refugió, y años después volvió a la carga. Repetidas veces intentó matar a su padrastro, pero falló en todas ellas. En la Caída del Muro de Berlín estuvo presente como una de las principales líderes rebeldes, aunque fuera mujer. La última vez que se la vio con vida fue agitando sobre su cabeza la bandera de Inglaterra sobre el muro destrozado. Luego se perdió entre la multitud y ya no tuve noticias de ella.
-Maybe I can help you with the last details. Yes, I killed her when she went to my house asking for someone called Mr. Ribbentrob. She was so fool, I laughed like never before. Fastly, with my own hands, I strangled her. She died slowly and painly. And I didn´t knew who was she! Hahahahahahahaa!
-Oh, vaya, pues ahora lo sabes.
-Yes, yes... Thank you, my dear faggot... Hahahahaha!
-De nada, asqueroso nazi.
*BANG*
- ... Ahh... Si al menos hubiese podido montarla... Una última vez... Ay, Colette, Charlotte, Marie, y tus mil nombres más... Una última vez...

sábado, 4 de junio de 2011

Sin explicación.

Por primera vez en su vida, tuvo miedo de perderla.
Él, alto y fornido, con aquella espalda musculosa. Guapo como pocos, y con una conversación ágil y risueña. Ese cabello negro, esos ojos azules que a sus 40 años traía locas a las mujeres de la urbanización.
Y, en cambio, ella: pequeñita, mas bien rechoncha; graciosa, pero un poco corta de entendederas. Castaña, ojillos verdes, una sonrisa mas bien irregular. Cierto atractivo sexual.
Podría haber elegido a cualquier otra; una rubita de metro ochenta, guapísima de ésas que quitan el aliento... Miles de etcéteras. Pero no, fue ella la elegida.
La conoció cuando iba a elegir un sofá para su salón. Ella en aquel tiempo trabajaba en aquella tienda, mal pagada y con riesgo de ser despedida, pero allí estaba. Le mostró todo el catálogo, y él, dejándose llevar, extrañamente embelesado, cayó en una red que ella nunca que había propuesto tejer. Le eligió el sofá, y también los anillos de boda. Todo fue bien, muy, muy bien.
Vivían según las elecciones que ellos mismo tomaban.
Pero, una luminosa mañana, él tuvo miedo.
Mucho, muchísimo miedo.
Se sentía solo.
Y ella como siempre; normal y tranquila, ajena a los problemas.
Él sintió que se iba lejos, muy lejos, donde no podía alcanzarla.
Nada mas lejos de la realidad.
No era buena idea hablarle de astrofísica, de los mensajes subliminales de la película "El Resplandor", de las ecuaciones matemáticas... Pero sabía estar al lado de su marido. Podría decirse que era lo único que sabía hacer pero, seamos justos, algún que otro talento más tendría.
Nunca le abandonó.
Aun cuando él, presa del pánico, la dejó, ella siguió preparando el desayuno para dos cada mañana, planchando las camisas que por descuido no se llevó, comentando las noticias como si él pudiese oírla desde el cuarto de estudio...
Que ilusa, y que desgraciado.
No; que guapa y que estúpido.
Mírese como se quiera.

lunes, 30 de mayo de 2011

Necesito algo más.

Oscura indecisón.
Tinta indeleble.
Callejuelas de piedra.
Una conversación tristona, con aquel que nunca has visto, con aquel que no recuerdas su voz, con aquel que piensas: "¿De verdad le he oído hablar?"
Preguntas que necesitan respuestas.
Respuestas que juegan al escondite... Y van ganando.
Soledad infinita.
Parece Noviembre.