viernes, 25 de septiembre de 2009

¿Los milagros existen?

El aire traía un olor a montaña, y mi prima se acercaba corriendo hacia mi... Gritando mi nombre. Ah, no encontraba un momento de tranquilidad. -Lucía... ¡Lucía! El ratoncito Pérez me ha traído cinco euros por mi diente. ¿A que es un milagro? Creía que nunca iría a aparecer. Yo sonreí. Al instante apareció una chica de quince o catorce años que nunca había visto, pero que al parecer conocía a mi prima. Tenía un aire arrogante. -¡Mira! Se me ha caído un diente y el ratoncito me ha traído cinco euros. ¿A que mola? La chica se sacudió el pelo, y la miró con suficiencia. -¡Bah! Ya te oí desde el porche. Dijiste un milagro. ¿Un milagro? ¡Ja! Los milagros no existen. La niña me miró con un aire desconsolado. -¿A que si existen? Yo iba a responderle amablemente hasta que me vino a la cabeza un recuerdo... ... Tus ojos clavados en los mios, un segundo sin respiración, tu sonrisa después de desviar la mirada ... -Claro que si.

viernes, 14 de agosto de 2009

La luz se cuela por un trébol...

Bajo los frondosos árboles la luz conseguía colarse, y tilileaba suave sobre la hierba. Cerca, se escuchaba el débil golpeteo del agua; gota contra gota.
Aquel parque era inmenso, como la profundidad de mis lágrimas al recordar tu sol.
Abro los ojos. El ruido del agua se hace mas intenso, ¿donde estoy?
Llego a un invernadero de calor sofocante. De repente, olvido mis pensamientos: una gota de rocío se desliza por una caña de bambú, hasta caer al suelo y romperse en mil pedazos que se olvidarán...
La magia oriental se mezcla con la de un invierno con brotes de plata. Todo parece irreal.
Mmm... Se escuchan trinos de pájaros, se huele a azahar y, aunque camino entre asfalto y piedras, siento la naturaleza a mis lados.

viernes, 31 de julio de 2009

Ven de nuevo, hoy, ahora.

Hola. ¿Que tal? Yo melancólica, y necesitaba hablar contigo. Nunca te he visto, pero siempre has estado en los momentos difíciles; jamás una palabra salió de tus labios, pero siempre me consolabas; no hubo roces ni abrazos, pero tu simple presencia hacía el vacío mas soportable. Y hoy te necesito. Mis padres se han ido, no sé adonde, y estoy sola en casa, pero ese no es mi problema, simplemente, estoy sola interiormente. ¡Mira, han vuelto y una mariposa se posó en el cristal! Como muchas otras veces, sabrás cómo consolarme, en medio del silencio que nos abriga y protege. La mariposa vuela lejos. Ahora ya te siento, y me abrazas. Necesitaba un poco de esa medicina tuya, la que escondes tras tu sonrisa, y me das a probar con tus lágrimas, tras el achuchón de ánimo y el beso; y la sonrisa traviesa y conciliadora, que se va al verme curada, dejando una estela de tranquilidad y amor ideal. Gracias. ¿Sabes?, hoy la medicina me supo a mar, a beso en noche de luna, a bosque y a elfos. Y como siempre a gloria. Gracias de nuevo. Yo también te quiero.