domingo, 4 de octubre de 2009

Sábanas blancas.

Esta mañana los rayos de sol se cuelan tímidos por la ventana. Los trinos de los pájaros se escuchan cercanos. ¡Qué buena idea venir a descansar al campo! Me cubro aún más con las sábanas blancas y me doy la vuelta, para verte despierto, sonriendo, con los ojos clavados en el techo. Te acaricio la cara, tu a mí, el pelo. Bostezando, te levantas y me ayudas también. Sin una palabra, me cubres con un chal, y caminamos hacia el pasillo, hacia la puerta de roble. La abres, y el verde fulgor mañanero nos recibe, suave y alegre. Me tomas la mano, y me conduces hacia un bosque cercano. De repente, la luz que era el sol, la que tu llamabas mis ojos, se vuelve blanca y lo hace desaparecer todo. Me despierto jadeando. Ni besos, ni caricias, ni nada... Angustiada, abrazo mi almohada de sábanas blancas. Suspiro, me dispongo a dormir sin sueños.

domingo, 27 de septiembre de 2009

Reencuentros, lágrimas y dos corazones.

Ojalá pudiera estar en tu mente. No por la maldita expresión "quiero ser como tú", sino por que te considero especial. Haces lo que nadie hizo nunca, ¡apenas con unas palabras! Si tú supieras... Ojalá pudiera estar en tu mente. Quiero saber en qué te inspiras, cómo vives, si piensas en mi como una más... O soy simplemente invisible. Si tú supieras... Reencuentros, lágrimas y dos corazones. Nada más. Si tú supieras... Lo tonta que me siento escribiendo esto.

viernes, 25 de septiembre de 2009

¿Los milagros existen?

El aire traía un olor a montaña, y mi prima se acercaba corriendo hacia mi... Gritando mi nombre. Ah, no encontraba un momento de tranquilidad. -Lucía... ¡Lucía! El ratoncito Pérez me ha traído cinco euros por mi diente. ¿A que es un milagro? Creía que nunca iría a aparecer. Yo sonreí. Al instante apareció una chica de quince o catorce años que nunca había visto, pero que al parecer conocía a mi prima. Tenía un aire arrogante. -¡Mira! Se me ha caído un diente y el ratoncito me ha traído cinco euros. ¿A que mola? La chica se sacudió el pelo, y la miró con suficiencia. -¡Bah! Ya te oí desde el porche. Dijiste un milagro. ¿Un milagro? ¡Ja! Los milagros no existen. La niña me miró con un aire desconsolado. -¿A que si existen? Yo iba a responderle amablemente hasta que me vino a la cabeza un recuerdo... ... Tus ojos clavados en los mios, un segundo sin respiración, tu sonrisa después de desviar la mirada ... -Claro que si.