sábado, 17 de julio de 2010

Otro mundo. Dianne.

Pero, obviamente, la noche habría de terminar. Dianne, resentida y ebria, volvió a su casa a las siete de la mañana, aparcando mal su moto en el garaje. Subió las escaleras mareada y dando tumbos, resbalando. No tuvo dificultad para encontrar su habitación, pues la negra puerta cerrada con el brillante ojo rojo no eran precisamente discretos. Pero, ¡alto! La puerta estaba abierta y se oían voces allá dentro. No era la primera vez que estaba borracha, y además esta vez no lo estaba tanto como en otras ocasiones. Disipó más o menos su mente y entró. -¡¡PERO DÓNDE ESTABAS!!- gritó una voz. Dianne enfocó la imagen, poco a poco, volvía a ser ella. -Eh.. Mamá.. Su madre, seguida de su padre, atravesó la habitación como un rayo y le dio un bofetón. -¡PERO QUÉ TE HAS CREÍDO! ¿¡DÓNDE ESTABAS!? Diosss... ¡CONTESTA! - Ehh... Mamá..¿Qué hacéis aquí? Joder, de fiesta... La madre no se lo podía creer. -¡PERO SI ESTABAS CASTIGADA PRECISAMENTE POR IR A OTRA FIESTA SIN NUESTRO PERMISO! -Mamá... Joder, tío...
***
-A ver, Diana, ¿galletas con la leche?- le preguntó su abuela. -Coño, me llamo Dianne. -¡No digas palabrotas! Te llamas Diana. ¿Quieres o no? -Vete a la mierda. SOY DIANNE. Una lágrima corrió por las cansadas mejillas de su abuela.
***
-Pues eso tío... Que si castigada, que si "dónde estabas", Diana... ¡Bla bla blá! Que se vayan todos al fondo del mar, joder.
Alex le dio un mordisco a su bocadillo. -Es lo que hay... Yo también llegué tarde, si, sobre las siete también... Y, a ver, ¿que coño se proponen? ¿No puedo disfrutar de la noche?
Dianne asintió. -Si... Oye, dame un porro o algo.
-Sólo tengo Malboro.
-¿¡Nada más!? Joder, tú también eres todo un recto, tío.
-Déjame en paz, que me cogía unas subidas de horas ¡¡¡HORAS!!! Y me venía mal para los pulmones.
Ella suspiro. -Ok. Por un día que tome cigarros...
Alex sonrió. -¿Qué vas a hacer esta tarde?
-Se supone que estoy castigada... No sé. Supongo que nada.
El chico arqueó las cejas. -¿Acaso no lo has pillado?
Ella le miró y sonrió también. - ¿Los tienes aquí?
-Cinco. Cinco como mis ideas...
Dianne estalló en una súbita carcajada.

miércoles, 7 de julio de 2010

Rechazo.

Me siento extraña, vacía, al ver que ya no me tomas en serio. Que no me recuerdas como era. Como una concha alejada del mar que la acogió en su seno, que la quiso y amó hasta lo imposible, y ahora, cuando vuelve de su pecera, la rechaza. Te miro, te veo igual, distinto y diferente, más abierto y burlón. ¿Dónde se queda mi hombre de hielo, mi amigo? Nunca quise más, y lo supiste, y lo acepaste. Pero eso quedó atrás, ¿verdad, amor? Te parece que escupo estas palabras con rabia y odio y tristeza, pero no. Sólo te digo, que esta vez, cuando vuelvas arrepentido (¡te conozco!), no habrá marcha atrás. En tres meses, ya veré a otro hombre de hielo, alguien imposible para mí. Pero tu quedarás muy atrás, en las nieblas y oscuridades de un pasado que no querré recordar. En tres meses, te olvidaré. O en menos. No necesito la ayuda de nadie para limpiar mi alma.