viernes, 26 de noviembre de 2010

Tiempo.

Vuelas lejos del mundo, lejos. Llegas a tierras imperecederas y te maravillas con la luz que Es. Me dejas atrás casi sin quererlo, casi sin desearlo. Espero tu regreso en las playas de blanca arena y negras conchas, donde el mar ruge tranquilo y juega con mis pies. Mi cabello crece y crece, soportando la espera, pues no se quiere resignar a emprender el viaje. No. Amo este mundo sobre todas las cosas, excepto quizás tus ojos, y no, nadie me obligará a marcharme de aquí. Esperaré el final bajo hayas y robles, abrazada a la misma tierra que me vio nacer, crecer, caer, llorar y levantarme. Pero estoy sola. Los míos abandonaron el lugar hará años, y este amor que aún espero, fue el último en seguirlos, pues el también deseaba ver la Luz que lo creó. No pudo esperar por mí. ¿No quiso? Estoy sola. El crepúsculo deja paso a la noche, y el mar en calma de pronto se agita. La luna ilumina un barco con velas blancas que se acerca desde el horizonte. Mis ojos no creen y yo tampoco. ¿Suerte o amor? Las olas comparten mi impaciencia y le impulsan más rápido, hasta que atraca y todo vuelve a su calma habitual. Ya han salido las estrellas. Una figura esbelta como el gato salta desde la cubierta. Se moja los pies y sonríe. Una melena dorada, plateada a esta luz, se agita sobre unos ojos verdes, verde bosque donde nació. Me tiende la mano. Firmemente agarrados, tira de mi, hasta quedar frente a frente. Un beso. Dulce como los ríos, suave como la brisa entre los árboles, ardiente como el fuego de una nueva hogera. Me he equivocado. El hielo es a veces más poderoso que el fuego. No obstante, muero por amor.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Todo

Sí amigos, sí. He vuelto. Han pasado ¿cinco años? Para Manuel cuatro. Sí, desde la última vez que nos vimos. Aún guardo la foto: todos abrazados, Antonio con un brazo encima de mis hombros, y detrás, la pizarra verde con mi nueva dirección apuntada en tiza blanca. Casi todos me escribisteis, pero a pocos respondí. Qué dulce la inocencia. Luego repartí esos caramelos. Y después... Sinceramente, no me acuerdo. No podía pensar. Ahora, que pienso en todo me agobio de felicidad. ¿Cómo estaréis de cambiados? ¿Me reconoceréis? Porque yo he madurado demasiado para lo que me corresponde, lo siento. Recuerdo los paseos contigo, Manuel. Mis cumpleaños. Las clases fantásticas con Antonio. La casa de Lucía. Todo. ¡¡TODO, COÑO!! Perdón. Las palabrotas me pueden. Esta Navidad os visitaré y descubriré la verdad de vuestras palabras. Espero sonrisas, abrazos y escuchar a tu grupo, Manu. Os quiero y no os olvido.

sábado, 20 de noviembre de 2010

El Rey Sabio

Había una vez, en un reino llamado Buenaventura, gobernaba un rey sabio, acompañado de su chambelán. En Buenaventura había una fuente (la única fuente) de donde bebía todo el mundo, incluido el rey y su chambelán.
Pero un día, una bruja envenenó la fuente con una pócima que hacía que la gente se volviese loca.
Al día siguiente, todo el pueblo bebió agua de la fuente envenenada, y se lavaron con ella y limpiaron su ropa también. Todos menos el rey y el chambelan.
Entonces, el pueblo empezó a murmurar en contra del rey, diciendo que había perdido el juicio, que estaba loco, que no les entendía ni podían confiar en el.
El rey, dándose cuenta de lo que ocurría, mandó a unos guardias a llenaran una jarra con el agua de dicha fuente. Obedientemente (aunque algo recelosos) hiciero loque les pidió, y ellos bebieron.
El puelo, al ver que había recobrado la cordura, los alabó e hicieron fiestas dando gracias.
Porque, ¿qué es un rey si no es igual a ti?