martes, 2 de agosto de 2011

Air.

Quiero perderme en una playa infinita, de arena blanca y olas azules con espuma blanca. El sol calientará y las cigarras cantarán suavemente.
Quiero pasear con las manos extendidas cerca de ella, tan cerca que pueda escuchar el clamor del mar. Quiero que un Yukito se me acerque, y comencemos a hablar. Beberemos jugo de melocotón, muy dulce, o de gelatina, muy empalagoso; y se quejará. Jugará conmigo cuando se lo pida, tras haber protestado un rato.
Dormirá en mi cobertizo.
Se reirá de mi pijama de dinosaurios, y de la decoración de mi cuarto, llena de ellos. Y sonreirá cuando le cuente que creía que los pollitos eran dinosaurios pequeños.
Pasearemos por las vías del tren, y mi gran sueño será ir a nadar al hermoso océano, que sólo a él le confiaré.
Disfrutaremos de los festivales de verano.
Y poco a poco, comenzará a amarme.

Hasta que llegue el momento de mi muerte, y él me lleve desesperado a la playa, a que toque el Mar, a que me bañe en el, a que cumpla de sueño.
Pero será tarde, y aún así, sonreiré; porque sabré que el me amó y me protegió, y cuidó de mi y me hizo feliz, alivió un poco mi tormento y luego lo agravó. Moriré por él, pero moriré por amor. Moriré enferma de amor.
Y las olas seguirán barriendo la orilla, y el sol lentamente se esconderá en el horizonte, llevándome con él. Y Yukito rasgará el inicio de la noche con mi nombre.

martes, 19 de julio de 2011

La memoria está dañada y deben borrarse los archivos guardados. ¿Proceder?

No.
Soy así y punto.
Además, lo único que está torcido en mi eres tú; al menos, lo único que te incumba.
Me costará olvidarme de ti, me costará limitar nuestra relación a lo que siempre debió ser, me costará que me hables de ella y me costará fingir que no me importa, y que te deseo suerte.
Me costará ignorar las palabras que porten amor.
Porque soy así y no hay más que hablar.
Y te quiero.
Y te olvidaré.
Y empezaré de nuevo.

sábado, 9 de julio de 2011

Abuelo.

Odio que sepas tanto y apenas lo quieras transmitir. Odio que tus historias casi nunca tengan final. Odio que te quejes de este pueblo, odio que lo adores, odio que blasfemes contra los políticos ineptos de Castropol, odio que te des cuenta de exactamente los puntos por donde se caerá la tierra, odio que te enfades cuando ves la contaminación en la ría... Y que no hagas nada.
Y tienes el poder para hacerlo, lo sabes muy bien.
El lugar es tuyo.
Tus antepasados respiraban por este lugar, lo dieron todo, y de ahí el prestigio del apellido Loriente; el mismo que ahora late en mi corazón.
Y no haces nada.
Miles de problemas que azotan este pueblo, que se mostrarán tarde o temprano, los conoces y sabes su solución; pero no haces nada, te quejas, y te quejas ante mi, y yo me muerdo la lengua.
Porque te quiero abuelo, con todas mis ganas, y no soporto esto.
Si no has cambiado hasta ahora, poco puedo hacer yo a estas alturas.
Yo tengo toda la vida para escucharte, quizá tu no la tengas para contármelo.