lunes, 21 de junio de 2010

Is not over.

Por fin se ha acabado. No lo pensé cuando me dijeron adiós, ni cuando recogía los libros. Sólo me di cuenta cuando le vi aparecer con tranquilidad tras los autobuses, riéndose. Me despedí de mi amiga, y casi pude sentir su pena por mí, mi tristeza. Corrí hacia él, me saludó, me chocó la mano de esa forma tan habitual suya. -Oye... Hoy es mi ultimo día. No nos veremos más. Me miró fijamente y nos abrazamos a la vez, y me elevó durante unos instantes, con su caliente y agradable fuerza en torno a mi. Esta vez no pude evitar una silenciosa lágrima, lo suficientemente ruidosa como para que él se diera cuenta. Nos dimos dos besos. -Cuídate mucho, ¿vale? -Tu también. Y subí corriendo a mi autobús, incapaz de reprimir el llanto más tiempo. Y tu subías la cuesta, con los dientes apretados muy fuerte. Pero no me miraste. Quizás no me viste, quizás no quisiste verme, quizás no tuviste valor para mirarme a la cara por última vez... Mientras que yo ni parpadeaba. Que duras son las separaciones. Te sigo desde la penumbra, desde las sombras que podías mirar. Nunca desde el sol travieso que te ataba sábados y sábados, impidiéndote verlo. Siempre estaré allí. También donde yo no quiera estar, en una cruz, en el símbolo de aquello en lo que crees. Pero crees en ello, y yo estaré allí, creerás entonces en mí. Aunque sepa que siempre, siempre lo has dado todo por tu simple apretón de manos... No tan simple, yo también moría por él. Te prometo... Que aún desde la distancia... Me tienes.

viernes, 11 de junio de 2010

La sonrisa de hierro

Entré nerviosa, y apenas me senté y cogí una revista, me llamaron dentro. Me indicaron que me tumbara en esa silla mecánica tan típica, y las dos, muy sonrientes, pero con un rastro de tristeza en su mirada, como si supieran lo que iba a sufrir, empezaron a describirme a darme indicaciones de como cuidar mi nuevo aparato dental. Yo las escuché, mientras mi madre revoloteaba por allí, riéndose de cosas sin importancia que soltaban de vez en cuando las dos mujeres. Hasta que al final en lo metieron en la boca. No era tanto el dolor físico que producía como la certeza de que el lunes, mil pares de ojos me mirarían curiosos, burlones, compadecidos o incrédulos. Pero no protesté. No dije nada. Incluso cuando me sonrieron, "¡Di algo, anda! ¡Para probar cómo te va!", mantuve mi boca cerrada. Entretanto, mi lengua exploraba aquel intruso que allí se había instalado, con la incierta promesa de una sonrisa radiante. "Mas radiante", según ellas. Pensé que al salir de allí las odiaría, pero nada de eso. Aunque nunca olvidaré sus caras, para mi eran sombras que me colocaban algo indeseablemente necesario, y para colmo, por decisión mía, así que no había motivo para odiar.
Me levanté. Había terminado, empezaba una nueva etapa. Al entrar en el coche encendí la radio,y mi madre, en un vago intento de entablar conversación, fijó sus ojos en la carretera. Me dejó en casa y se fue a la farmacia.
Subí corriendo las escaleras, ignorando mi hermano y a mi padre, que me preguntaron cómo me había ido. Subí y subí, llegando a mi habitación. Me coloqué en frente del espejo y cerré los ojos. Intenté sonreír, pero fue en vano, mis músculos parecían no obedecerme. Me forcé, pero no abrí los ojos, no quería una sonrisa falsa. Respiré hondo. Respiré hondo. Una lágrima escapó de mi, estrellándose contra el suelo en mil pedazos. Te imaginé tumbado en una cama cualquiera, sujetando cualquier guitarra, pero con tus ojos, tu pelo y tu sonrisa. Me tendías la mano desde los confines del mundo. Carlos... La cogí fuerte, muy fuerte. Y sonreí. Parpadeé, teniéndote a mi lado. Y viste y vi en mí una nueva cara.
Una sonrisa de hierro.
La sonrisa mas hermosa que habías visto.

sábado, 29 de mayo de 2010

¡Hola! ¿Qué tal?

Primero entró mi madre, mi hermana y mi padre, luego yo. La cumpleañera estaba de pie con su marido, les saludamos, les entregamos su regalo. Era una buena fiesta, seríamos unas veinte personas, con música agradable, apetitosa comida y espacio. -Felicidades.. -Ay, gracias. Pasad, probad la carne. Rafa la hizo y está riquísima. Obvio, llegábamos los últimos. Como una ráfaga pasó su hijo, exclamando algo de que se iba a la calle. Sonreí por algo que me decía mi hermana, pero se fue a saludar a su amiga. A ver si también la veo... Estaba de espaldas a nosotros charlando con un señor con gafas. Mi hermana le hizo cosquillas en la espalda, y se giró sorprendida. Iba hermosa. Hermosa y ya está. -¡Hola! ¿Qué tal? - Bien. Mis padres están por ahí, y mi hermano... Ah, aquí. Le sonreí. Ella hizo lo mismo. -¿Cómo estás?, me dijo. -Fantástico. Nos dimos dos besos, como era su costumbre. Aspiré su perfume como si fuera mi salvación. Dios, que rico olía... Se fueron las dos juntas a hablar, dejándome con la mirada perdida y un olor celestial. Se iban riéndose, a reunirse con unos amigos de su edad que esperaban fuera. "Amigos...-pensé-... Aspiran a pretendientes" Me relajé y las olvidé, y su madre me condujo junto a la comida. La música seguía sonando, y eligieron un tema electrónico, de Akon y nosequién mas. No pegaba son el ambiente que había, y aún menos con estas personas. La media era de 40 años, y había un par de hombres que venían con ganas de marcha y a escuchar rumba y cosas "bailables" para ellos. A pesar de todo, hicieron la parodia de "baile electrónico". Me reí y me serví una Coca-cola, llevándole otra a mi padre. Ambos fuimos a la entrada de la casa, y nos quedamos en las escaleras, al lado de un diminuto jardín, observando a los chicos. Ambas se reían de las tonterías de sus amigos (unos cuatro), dos de ellos tenían posibilidades, pero eran amigos y nada mas, así que los descarté. Ya me reiría de mi hermana en casa, diciéndole que si había ligado lo suficiente. Esa idea me arrancó otra sonrisa. La tercera de esta noche. Mi padre se puso a evaluarlos en voz baja, y yo le ponía los puntos sobre las íes. La observé detenidamente, quitando a mi hermana de mis pensamientos y a los demás chicos. Se reía por algo que le decía un rubito, y bebía pequeños sorbos de algo sin color definido. Parpadeaba lentamente y con una sensualidad que desconocía. Aparentaba ser inocente, cuando la verdad era que sabía demasiado de demasiadas cosas. Aunque mejor me callo. No la conozco demasiado. Lo único que tengo grabado de ella es su sonrisa, sus ojos, y la manera que tiene de sonrojarse. Algo me sacó de mi ensimismamiento. Dos chicos habían empezado a pelear. Ella intentó separarlos, inútilmente. Entró en su casa, enfadada con ellos, pero se detuvo casi medio segundo para mirarme; o eso me pareció. La noche pasaba, no sé si fugaz o lentamente. Pero hablamos, nos reímos, """"bailamos""""... Hasta que tuvimos que irnos. Se despidió de mis padres cariñosamente, a mi hermana le dio un gran abrazo y un beso. Se detuvo ante mi y me dio sus dos besos, uno por mejilla, y "cuídate". Nos acompañó hasta la puerta. La saludamos otra vez desde el coche. Ella volvió a entrar en su casa. Y creo que no salió mas.